Nunca abominé de la
política. Pese al comportamiento de muchos políticos, siempre me pareció una formidable
herramienta de transformación, el gran instrumento para mejorar la vida de la gente.
Sentía, incluso, ganas de involucrarme en ella, pero no te tenía muy claro como hacerlo.
Hasta que hace unos años, temeroso de que el conflicto entre Israel y El Líbano pudiera
perjudicar el ejemplar clima interreligioso de la Argentina, decidí congregar a
dirigentes judíos, islámicos y católicos para pensar en gestos tendientes a reforzar
nuestra convivencia. Fue en ese momento que profundicé mi relación con mi amigo el
rabino Sergio Bergman, una figura que ya despuntaba en la escena nacional, pero que
todavía no tenía el reconocimiento que hoy tiene. Nació en ese momento una hermandad y
una fuerte coincidencia en la importancia de los valores cívicos. Bergman, con su
brillante palabra y sus audaces gestos en el quehacer nacional, fue quien no sólo me
terminó de convencer de sumarnos a una cruzada democrática y republicana, sino que me
invitó a ser su compañero de ruta en esta empresa apasionante de aportar al fomento de
una mayor conciencia cívica, para promover que cada vez más argentinos dejen de ser
meros habitantes y pasen a ser ciudadanos con derechos, pero también con obligaciones.
Hubo otros amigos que también me alentaron, y nos alentaron, como el padre Guillermo
Marcó, un sacerdote dueño de una concepción moderna de la actuación de los laicos en
la sociedad. Fue así como, inicialmente, lanzamos el Cabildo Abierto
Ciudadano en el Cabildo de la ciudad de Buenos Aires, un ámbito de debate sobre la
participación política, acompañados de diversos dirigentes de gran prestigio. Después
llegó la formación de la Fundación Argentina Ciudadana, que preside Bergman y donde
ejerzo la vicepresidencia, como marco para nuestra tarea de concientización cívica. En
esa línea, nos lanzamos a caminar el país, a llevar el catecismo cívico a
los más diversos rincones de la Patria, donde mucha gente quería escuchar la palabra de
Bergman, conocer nuestras propuestas y ser de la partida. Mucha agua corrió por los
puentes desde entonces. Nos emociona ver cuánta gente se interesó en nuestra prédica
cívica y, sobre todo, quiso dejar de ser una mera espectadora para, a partir de la
democracia alcanzada, conquistar la República. Algunos, con vocación política, que
piensan que su lugar está en un partido político. Otros, que creen que su puesto está
en el trabajo, en el club, en el barrio, en la ONG. Hoy son muchos los que se registran en
nuestro portal como ex habitantes, deseosos de ser ciudadanos. Queremos llegar cuanto
menos a un millón de ciudadanos dispuestos a comprometerse y cambiar el país, cosa que
no será inmediata. Por lo pronto, la urgencia, como dice Bergman, es el mediano plazo.
Quizá, incluso, muchos logros no los veremos, pero nos trascenderán, que es lo
importante. Estoy feliz de que lo que comenzó tímidamente hace unos años sea hoy un
proyecto en marcha, pujante y esperanzado. Es la fuerza que nos da el amor a la Patria y
la confianza en Dios.
Maximiliano Schabsis
Vicepresidente de la Fundación
Argentina Ciudadana |
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